Poemas

 

POETICUS

 

Escribo, porque no puedo pelear batallas con mis manos

y el lápiz -a veces- apunta mejor que la escopeta.

 

Escribo, porque el verbo escribir suena a única certeza,

y es ruta sin distancias, y es cuerpo sin virus.

 

Escribo, porque la hoja en blanco es un gato feral

y debo recogerlo, alimentarlo, darle guarida, amarlo.

 

Escribo, porque los adjetivos acechan y cuando matan,

también dan vida; porque el lugar común no me asusta

y lo que se ha dicho mil veces, igual salpica su encanto.

 

Escribo, porque todo en mí es un desencuentro:

los terminales se mudan,  las calles cambian de nombre,

y nunca atino estaciones, horarios o trabajos, retornos o partidas.

 

Escribo, porque aunque duele, no duele tanto.

 

Escribo, para llenar los cántaros,

limpiar los espejos,

empuñar los espacios,

caminar los laberintos.

 

Escribo, para no morirme de pena.

Por eso escribo…

 

 

NOSTÁLGICA

 

Son las seis de la tarde y no hay nadie a quién decirle

venga para tomarnos una taza de chocolate con rosquitas.

 

El portal está escrito con los relatos del bisabuelo,

cuentos de aparecidos que iluminaron la infancia.

 

Las sombras crecen en las jorobas de la noche,

los coyotes muerden el tesón del viento allá afuera.

 

Un tren en la distancia, yo soy ese tren,

descendiendo  las crestas de cañones.

 

 

MÍSTER MERLOT

 

Inúndame de levedad. Acuéstate, estírate, riégate.

 

Contigo no importa de dónde vengo, hacia dónde voy

o de las hojas secas que están hechos los huesos.

 

Camino en el silencio del hielo,

nada hiere, nada molesta,

nada acusa, nada quema, nada persigue.

 

Casi no siento mi cuerpo y me encanta.

Todo es etéreo y no arrastro

atrofias de acero.

 

 

VOCES DE AGUAS

 

Río parido del deshielo,

acunado en el vértice de la roca,

en la boca de la roca, en el muslo de la roca.

 

Río que llevas la memoria del invierno,

la saliva del oso, el salto del salmón,

la reverencia del venado.

 

Río que hablas en tu lenguaje de glaciares.

Yo entro en ti y mi pie se sirve de tu beso frío.

 

Río que pierdes tu cuerpo bajando por los pueblos,

te encarcelan, te asesinan, te consumen.

 

Río que ya no eres río, nunca más río,

río que ya no llegas al mar.

 

 

EL JUBILADO

 

Esa mañana, cuando la luz se metía

entre las bancas, a través de los álamos

en el parquecito de Santa Fe

frente a la Basílica de San Francisco,

el jubilado me dijo

que a veces uno no desea morir

-sólo a veces-.

 

Cuando el esqueleto se despierta sin quejas

y en la terraza el sol entiende la piel de la vejez.

 

Cuando el menú del día está sabroso,

la pensión llega a tiempo, completa,

y la casa no insiste en caerse a pedazos.

 

Cuando la memoria recuerda solamente lo bueno, lo bueno;

los hijos vienen de visita,

los nietos cuelgan de la alegría, abren la nevera

y se comen hasta la soledad.

 

Cuando uno reposa contento, encantado

en las tintas de un buen libro,

o en los andamios de una gran película,

y entonces no hay apuro para encontrarse con Dios.

 

Cuando el día está bonito, sí, bonito

y no importa si el gobierno entero se va al carajo.

 

Eso, me dijo el jubilado,

en el parquecito de Santa Fe

frente a la Basílica de San Francisco,

que a veces uno no desea morir

-sólo a veces-.

 

 

LA FOTOCOPIA

 

Tócame con tus ojos de cenizas azules,

con las sílabas que saltan de tus teclas,

desde el anverso de todas Las Rocosas,

bajo tierra en Las Camas de la Lava.

 

Tócame a través de una hoja,

esa fotocopia de las claves cotidianas

que te toca de una esquina

que me toca con la otra

y en su existencia de hoja simple

de hoja única

de hoja rota

rayada

loca

 

nos deja tocarnos

 

porque al mismo tiempo

te toca

y me toca.

 

 

DEL RETORNO

 

Hay calles que te llaman,

vidas que te llaman,

metáforas que quieren coagular tu nombre,

y una casa, en ruinas, pero tu casa.

 

Ya es hora de ordenar los versos,

desempolvar la biblioteca,

devolverte a la quietud de la palabra.

 

No temas, que el retorno

jamás te quitará los elefantes,

la ballena, el oso pardo,

la montaña, el tornado, los saguaros.

Ellos, serán siempre en la memoria.

 

 

LA ETERNIDAD DE LA TINTA

 

Todo lo diluye la tinta:

la zozobra, el futuro,

el otro que habita adentro.

 

La tinta te eleva, te suaviza

te hace pluma de pajarito

pelusita de gato en el aire de la mañana

realidad sin sentencia

manos que conversan

espantos que se extinguen.

 

 

LA CASA RENTERA

 

Hay un lisiado rentando el piso alto de la casa,

un lisiado que se emborracha por las noches

lamenta sus piernas débiles y sus manos chuecas.

 

Yo lo ignoro,

mientras pague las pesetas justas

para comprar las caretas,

poco me importa su llanto.

 

Salgo, camino estirada, presumo:

botas de tacones altos –para disimular la pierna corta-

un abrigo largo –para esconder el declive de las vértebras-

guantes negros –para cubrir los dedos secos-

 

Casi modelando voy por la calle,

con un maquillaje perfecto,

un pelo perfecto,

a simple vista todo en mí es perfecto.

 

Pero adentro, de regreso, en la casa,

un fastidioso lisiado habita

y es, un inquilino perpetuo.

 

 

LA QUE SE FUE

 

Camina en otras calles.

Sucumbe en otra lengua.

 

Lejos de su casa,

escoltada por el anonimato,

con la alforja vacía de país y herencia

asiste

al velatorio del espejismo.

 

Entre los monumentos de la muerte

ha olvidado:

de qué savia está hecha su sangre,

de qué oficio se yerguen sus huesos.

 

No quiso retornar cuando pudo,

es tarde

para alcanzar las carabelas.

 

Lo que dejó

se lo comió el apetito de la ausencia.

 

Volver al mismo mar

es volver al desencuentro.

 

 

DESPUÉS DEL VERANO

 

Agosto: los arces -resignados-

empiezan a perder sus verdes.

 

Septiembre: del verde ha nacido el fuego.

Desfile de rojos en las ramas.

 

Octubre: el viento se viste de hojas secas

-camisa y pantalones de hojarasca-.

 

Noviembre: en la desnudez del bosque

el frío establece sus moradas.

 

Diciembre: la muerte es blanca.

 

 

LAS NIÑAS BIEN

(Puerto de Manta, playa El Murciélago)

 

Con la nieve asoman

las mañanas junto al mar de Manta

cuando el colegio apestaba

y nos íbamos

a patear las olas

entre sorbos de ron.

 

Debajo de las palmeras

los quiosquitos fueron

cocos inmensos

y las chicas de colegios nocturnos

que allí atendían

nos regalaron

el ojo de la envidia.

 

Si acaso hubiesen sabido

que detrás de nuestro buen nombre,

detrás de nuestras risitas

y poses de clase,

adentro, en las mochilas caras

se agazapaba la miseria.

 

Allá en el Murciélago

hicimos juramentos de olas:

largarnos algún día.

 

Ahora, lejos

en estos campos de greñas gélidas,

recuerdo esas arenas calientes

donde el sol se divertía

y nosotras nos pasábamos

el último cigarrillo…

 

 

EL INDIGENTE ALLÁ AFUERA

 

Aquel hombre

le exige un milagro a la noche

mientras lleva su casa a cuestas

en un carrito de supermercado.

 

Largo, descuidado, sucio,

con el mismo suéter verde desde hace un siglo,

verde-desteñido, verde-quebrado, verde-triste.

 

Hasta acá puedo olerlo.

Hiede a desconsuelo,

a calle pa’ arriba y pa’ abajo,

a centavo tirado en el piso,

a noche sin techo,

a basura vieja de país rico.

 

Maldice una botella, luego la besa.

Se escucha una carcajada, después un gemido.

 

 

RENUENTES

 

Ellos conservan

el rumbo de la costumbre.

 

Me han contado que salen

a las horas de siempre.

 

Por las mañanas al trabajo,

retornan, hacen la siesta

y se apuran a buscar atardeceres.

 

Suben,

bajan de los buses,

atienden conciertos,

cines, recitales.

 

Se sientan en algún café,

sacan la pluma,

conciben los hijos de las calles.

 

Pobrecitos mis zapatos viejos

 

ellos aún no entienden

que me he marchado.

 

 

LLUEVEN LÁGRIMAS (QUE CURSI) Y SIN PARAGUAS

 

La tristeza se riega

como agua de lluvia,

 

corretea por las calles,

se enreda en los botines,

se mete en tu vestido.

 

La lluvia y la tristeza

son la misma cosa

y a menudo

te empapan.

 

 

EXPECTATIONS

 

La mala hierba

crece en todas partes.

 

A veces

el fuego de la razón llega

y la extermina

 

pero hay rituales

que nunca mueren

 

y entonces

la mala hierba

vuelve a crecer.

 

 

DESPUÉS DEL OCASO

 

Cuídate de la noche,

 

no te le acerques demasiado

es capaz de capturar tu aliento

en su cueva de roca negra.

 

Cuídate de la noche,

 

nunca la mires de frente

sus mil ojos con pupilas de asterisco

quieren encantar cada uno de tus pasos.

 

Cuídate de la noche,

 

ella va a enamorarte y tú vas a sufrir

porque no podrás entender su corazón blanco que:

se achica, se agranda, se redondea, se esconde, se eclipsa.

 

Cuídate de la noche…

 

 

EL TIEMPO NOS HIZO DIFERENTES

 

Ya todo es ajeno,

yo misma soy otra.

 

Cada cosa tan pequeña,

nada es como el recuerdo.

 

La casa familiar

es solo una casita.

 

Mi cuarto:

cuatro esquinas que se juntan.

 

El jardín:

minúscula geometría de tierra seca.

 

No siento nada mío:

ni al barrio con su bulla de acero,

ni el aleteo de los viejos libros,

tampoco la música de long-play que me dejó el abuelo.

 

Mi vida antigua se ha borrado,

sílabas

que no retuvieron las paredes.

 

 

LEJOS DE LO URBANO

 

Adentro, en el bosque

junto a los lagos, sobre la arena,

despiertas a media noche

bajo el conjuro de la vía láctea,

ves la marea empinada de los astros

abrazando tu cuerpo,

cortando el silencio de tu sueño,

salvando tu existencia.

 

 

ROAD TRIPS

 

El viento, viene corriendo entre los árboles.

 

Valles gigantescos, autopistas larguísimas.

Rocas fálicas, rocas suaves, rocas brutales,

rocas osadas balanceándose en otras rocas.

 

Millas de cielos inmensos,

cañones errantes,

monolitos de arena roja,

alturas graníticas, esculturas suicidas,

glaciares milenarios,

islas de pinos, jardines silvestres,

rutas amadas por el sol.

 

Presencia indómita

diminuta, enorme,

reverente, peligrosa.

La ardilla, el puma, el oso,

el ciervo, el búfalo,

el propósito del pájaro carpintero.

 

Imperios que ya no existen,

ciudades vivas, otras ya muertas.

Lugares que nunca antes vimos

y que tal vez no volveremos a ver.

 

Cronistas de kilómetros,

acampamos

sobre la huella del dinosaurio,

escalamos

nevados con los ojos,

entramos

a ese nudo de abedules, sauces, robles que es el bosque

pero que también es uno mismo

y entonces al tocar la tundra,

el paisaje como siempre, nos hizo

tragar las palabras.